Hay una cosa que me frustra mucho a la hora de mirar pisos aparte de pensar en la hipoteca, claro. Hoy me he dado cuenta de ella a nivel consciente, y no estoy muy satisfecha con los resultados. Creo que estoy más enferma de lo que pensaba.

Se trata de los aparcamientos comunes subterráneos. Más precisamente de aquellos aparcamientos que, por la dimensión de la comunidad de vecinos, son grandes y espaciosos.

Me recuerdan a esa adorable criatura de Xen denominada Gargantua. Es más, noto que me dedico a buscar posibles escondrijos donde el Gargantua podría estar esperando.

Creo que necesito un cerebro nuevo.